El Eibar cerró una dinámica peligrosísima en una noche en la que se
sintió tal y como es. No sin sufrimiento. Nadie dijo que iba a ser
fácil. Que se lo digan a los jugadores armeros. Ipurua defendió con los
suyos el gol de Arruabarrena, que valió tres puntos que hacen ver la vida de otra manera después de tantos días malos.
El Eibar jugó con la mano en el corazón. Así vive en Primera. Que no
falte la pasión ni la intensidad. El Málaga le aguantó el ritmo. Los dos
entrenadores rotaron buscando piernas frescas. Las encontraron, aunque
algunas se echaron de menos (Darder) y otras tardaron en entrar (Amrabat).El encuentro estuvo en el aire. Nadie lo controló, pero el Eibar mereció más antes del descanso. Llegó más y mejor. Metió un gol, pero se lo anularon. Saúl probó a Kameni y Arruabarrena marcó al rechace. Su posición la habilitaba Tissone con bastante claridad. La primera mitad acabó con otra intervención del portero malaguista, felino cada noche.
Aquí defienden todos
Ese tanto del 10 sí subió al marcador en el minuto 53. Javi Lara puso un córner con lazo y Arruabarrena remató solo con la cabeza. El Málaga se comió la jugada de estrategia y los tres puntos.
El tanto inició el plan de resistencia local capitalizado por Irureta, que volvió a la portería con guantes firmes, y un lince llamado Lillo. El Málaga no logró superarlo. Se dio contra un muro y contra la ilusión de una afición que bajó al campo. Los de Gracia parecieron sentirse en inferioridad. Era ganar o ganar. Bendita palabra que tanto cuesta pronunciar.
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