La cara amable del partido fue un Espanyol que llegaba herido en su
orgullo tras tropezar con el Elche en casa. Desde febrero no ganaban los
pericos en Liga, justo antes de que el Athletic le clavara un puñal en
el corazón en la vuelta de su semifinal copera.Un mes y medio después, ha vuelto a sonreír con un triunfo de prestigo que además fue contundente, sin paliativos, porque el Villarreal 'dimitió' del encuentro desde el primer minuto. Pocas veces se puede ver al Submarino deambular por el cesped sin un plan fijo, sin algún 'pelotero' de fina estampa al que aferrarse, pero siempre hay una excepción.
El Espanyol, claro está, agradeció el gesto lanzándose a por el triunfo con una voracidad casi insultante, para desazón de una grada que asistía atónita a la monumental 'caraja' de los suyos.
Un cabezazo picado de Víctor Álvarez, a pase del más listo de la clase, obligaba a Asenjo a intervenir con mucho acierto para evitar el primero, algo que era cuestión de tiempo viendo el discurrir del encuentro.
El primer tanto del partido llegaba con cierta fortuna pero nadie podía discutir lo justo del mismo.
El Villarreal, como si no fuera la cosa con él, esperó al descanso para reordenar sus ideas y volvió del vestuario con algo parecido a un plan, aunque la reacción le duró lo que un pastel en la puerta de un colegio.
Eso sí, Trigueros tuvo tiempo de poner en aprietos a Kiko Casilla en un par de ocasiones, sobre todo con un cabezazo que el cancerbero perico despejó a córner con ciertos apuros, pero hace falta más, mucho más, para levantar un marcador en contra.
El segundo tanto provocó la dimisión en bloque de un Villarreal que este jueves no estaba para nada y dio alas a un Espanyol que quería más. Así llegaría un nuevo tanto, obra de Víctor Sánchez, tras una gran combinación en la banda entre Sergio García y Víctor Álvarez que incluyó un 'caño' del más listo de la clase a Musacchio. La diana, por cierto, coronaba el gran partido de Víctor Sánchez, uno de los destacados en un Espanyol sobresaliente.
El pitido final vino a acabar con el sufrimiento de los amarillos, que deberán tomarse mucho más en serio los siguientes partidos si no quieren poner en riesgo su preciada sexta plaza. En cuanto al Espanyol, enderaza el rumbo demasiado tarde, pero la alegría dada a sus incondicionales no se la quita ya nadie.


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